Primero se quita la culpa
Esto no lo eliges. Se dispara solo, muchas veces sin que te des cuenta de que has empezado, y culparte por ello es justo lo que lo mantiene.
Los dos cuentan. Explotar granos delante del espejo y despellejarte los padrastros de los dedos son la misma conducta: pellizcarte la piel hasta hacerte daño. Empieza por una imperfección mínima y termina con la piel peor de como estaba.

¿Te suena esto?
No es culpa tuya y no es guarrería: tu cabeza encontró una forma de descargar tensión y se quedó con ella.
Da igual si son granos de la cara y la espalda o los pellejos de alrededor de las uñas: es lo mismo y se trata igual.
Se puede parar, y se sabe cómo: hay un tratamiento concreto para esto, no consejos de «ten más fuerza de voluntad».
Averiguamos qué lo dispara en tu caso: el espejo del baño, el móvil, el sofá, la tensión de después de trabajar.
Tapar con maquillaje, tiritas o manga larga cansa más que la propia conducta. Eso también se trabaja.
Recuperar lo que dejaste: la playa, el gimnasio, dar la mano, el sexo con la luz encendida.
En qué te acompaño
Esto no lo eliges. Se dispara solo, muchas veces sin que te des cuenta de que has empezado, y culparte por ello es justo lo que lo mantiene.
Reventar granos en la cara, la espalda o el pecho y arrancarte los pellejos y padrastros de los dedos son la misma cosa: pellizcarte la piel con los dedos o las uñas. Puedes hacer una, la otra o las dos, y el abordaje no cambia.
Si lo tuyo es llevarte los dedos a la boca y morder, eso es onicofagia y tiene su propia página. Aquí hablamos de lo que se hace con los dedos sobre la piel. Son primas hermanas y es muy común tener las dos.
Es el tratamiento con más evidencia para esto: detectar el aviso previo (la mano que sube, el espejo, el dedo que busca) y meter una respuesta incompatible en ese hueco. Se entrena, no se improvisa.
Dejar de pellizcarte y dejar de esconderte son dos trabajos distintos. Se puede parar la conducta y seguir sin ir a la playa, así que lo segundo se trabaja también.
Se llama trastorno de excoriación o dermatilomanía. Se cuenta por si te sirve, no porque haga falta saberlo para empezar.
Cómo trabajo
Nos conocemos por videollamada. No hace falta que enseñes nada.
Miramos cuándo, dónde y en qué estado emocional aparece. Los datos mandan más que la memoria.
Cambiamos el escenario que lo facilita y entrenamos la respuesta incompatible en el instante previo.
Preparamos las recaídas y los momentos de más tensión, que son los que reactivan el bucle.

Sobre mí
Psicólogo G.S. M-36402 · Terapia Afirmativa LGTBIQ+
Recibo en consulta a personas LGTBIQ+ que llevan años delante del espejo reventándose granos, o destrozándose los dedos sin darse cuenta mientras trabajan. Casi ninguna lo trae como motivo de consulta: sale más tarde, cuando ya hay confianza.
En esta comunidad la piel se mira mucho, y con lupa. La presión estética del ambiente convierte cualquier marca en algo que hay que tapar antes de salir, y esa vigilancia constante frente al espejo es justo el terreno donde esta conducta crece. Por eso miro las dos cosas: lo que haces con las manos y lo que te estás exigiendo al mirarte.
Aquí no hay que enseñar la piel ni justificar por qué no has podido parar antes: se trabaja con lo que hay, al ritmo que puedas.
Sígueme en Instagram · @preguntadorenserieUna primera sesión para ver qué lo dispara y por dónde empezar. Online o en Madrid.
Reservar primera sesiónPreguntas frecuentes
Sí. Explotar granos, puntos negros o costras delante del espejo hasta hacerte daño es exactamente esto. No hace falta que sea todos los días ni que se te vea desde lejos.
También, y es igual de frecuente. Arrancarte los pellejos y padrastros de alrededor de las uñas hasta que sangran o duelen es la misma conducta que reventarse granos: pellizcarse la piel. Cuenta, y se trata igual.
No exactamente. Si te llevas los dedos a la boca y muerdes, eso es onicofagia. Si lo haces con los dedos o las uñas sobre la piel, es excoriación. Son de la misma familia, se abordan de forma parecida y muchísima gente tiene las dos a la vez.
Se trabaja y mejora mucho. Con el entrenamiento de reversión de hábitos lo normal es bajar bastante la frecuencia en semanas. El objetivo no es no volver a tocarte la piel nunca, sino que deje de comerte una hora y de dejarte marcas.
No. No hay que enseñar nada. Se puede trabajar entero hablando, y hay personas que nunca se remangan en consulta.
Justo por ahí se empieza: primero se entrena a detectarlo, aunque sea a los treinta segundos de haber empezado. Cuando lo ves venir, ya hay dónde meter otra cosa.
Sí, y para mucha gente es más cómodo empezar así: desde casa, sin sala de espera y sin sentirte mirado. El entrenamiento se hace igual.
Es el nombre clínico de pellizcarse la piel de forma repetida. En el DSM-5 se llama trastorno de excoriación y está en el capítulo del TOC, no entre las adicciones. Se cuenta por si te sirve, no porque haga falta saberlo para empezar.
Reseñas en Google
Con Mariano, me di cuenta de lo exigente que soy conmigo mismo y de cómo vivía siempre con la sensación de ir corriendo. Poder parar, ordenar las ideas y tomar decisiones con más calma me ayudó muchísimo. Hoy vivo en Nueva York con mi pareja y siento que estoy en un camino profesional que realmente he elegido y no que simplemente me ha ido llevando. Mirando atrás, el cambio ha sido enorme y estoy muy agradecido por todo el proceso.
Llegué a España sintiéndome completamente perdido, sin saber por dónde empezar y atravesando uno de los momentos más difíciles de mi vida. Encontrar a Mariano fue un antes y un después. Desde la primera sesión sentí que tenía un espacio seguro donde podía hablar sin miedo a todo lo que se me venía. Me ayudó a recuperar la calma, a ordenar mis ideas y a volver a creer que había salida, incluso cuando yo no la veía.
Siempre quise hacer terapia pero no me atrevía. Mariano me ayudó a ver que no tenía que ser un compromiso eterno sino algo breve y puntual mientras me hiciera sentido y lo necesitara. Me vino realmente bien. Recomiendo 100%.
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