Primero se quita la culpa
Lo llevas haciendo desde crío y te han dicho mil veces que pares. No ha funcionado porque no se elige: se dispara solo, y regañarte solo añade vergüenza.
Casi todo el mundo lo ha hecho alguna vez, así que casi nadie lo consulta. Pero cuando llegas a sangrar, a esconder las manos o a evitar dar la mano, ya no es una manía tonta. Y tiene tratamiento.

¿Te suena esto?
No es falta de educación ni de carácter: tu cabeza encontró una forma de descargar tensión y se quedó con ella.
Cuenta también morder los pellejos y padrastros con la boca, no solo la uña. Es lo mismo.
Se puede parar, y se sabe cómo. Hay un tratamiento concreto, no el esmalte amargo que ya has probado.
Averiguamos cuándo aparece: conduciendo, en reuniones, esperando una respuesta, viendo algo en el sofá.
Meter las manos en los bolsillos todo el rato cansa. Ese esconder también se trabaja.
Volver a dar la mano, señalar algo o que te vean los dedos de cerca sin querer desaparecer.
En qué te acompaño
Lo llevas haciendo desde crío y te han dicho mil veces que pares. No ha funcionado porque no se elige: se dispara solo, y regañarte solo añade vergüenza.
Esto es lo que haces con la boca: morder la uña, el borde, los pellejos. Si además te pellizcas o te arrancas la piel con los dedos, eso es excoriación y tiene su propia página. Tener las dos a la vez es de lo más normal.
Es el tratamiento con más evidencia: detectar el aviso previo (la mano que sube, el dedo que busca un borde) y meter una respuesta incompatible justo ahí. Se entrena en sesión, no es un consejo.
Funciona unos días porque castiga, no porque enseñe nada. Puede acompañar, pero por sí solo no sostiene: en cuanto se acaba el bote, vuelve.
Dejar de morderte y dejar de esconder las manos son dos trabajos distintos. Se puede parar y seguir cerrando el puño en las fotos, así que lo segundo también se mira.
Se llama onicofagia y es una conducta repetitiva centrada en el cuerpo, la misma familia que arrancarse el pelo o pellizcarse la piel. Se cuenta por si te sirve, no porque haga falta saberlo para empezar.
Cómo trabajo
Nos conocemos por videollamada y me cuentas desde cuándo y en qué situaciones aparece.
Registramos momentos y disparadores durante unos días, sin castigo. Solo datos.
Trabajamos la respuesta incompatible y los cambios de contexto que lo ponen difícil.
Preparamos los periodos de más tensión, que son los que reactivan la conducta.

Sobre mí
Psicólogo G.S. M-36402 · Terapia Afirmativa LGTBIQ+
Recibo en consulta a personas LGTBIQ+ que llevan mordiéndose las uñas desde el colegio y que jamás lo pondrían como motivo de consulta. Sale solo, casi siempre mirándose las manos mientras hablan de otra cosa.
En una comunidad donde la imagen se mira tanto, unas manos destrozadas son una de esas cosas que delatan por dentro lo que estás intentando llevar bien por fuera. Muchas veces aparece justo en las épocas de más tensión: una salida del armario, una ruptura, un trabajo donde estás midiendo cada palabra.
Aquí no hay que enseñar las manos ni prometer que esta vez sí: se trabaja con lo que hay, y se empieza por entender cuándo aparece.
Sígueme en Instagram · @preguntadorenserieUna primera sesión para ver cuándo aparece y por dónde empezar. Online o en Madrid.
Reservar primera sesiónPreguntas frecuentes
Sí. Si lo haces con la boca (la uña, el borde, los padrastros), es onicofagia. Es muy frecuente que se muerda más el pellejo que la uña.
Entonces estamos en excoriación, que es pellizcarse la piel con los dedos o las uñas. Son de la misma familia y se abordan de forma parecida, pero no son lo mismo. Muchísima gente tiene las dos.
Es lo normal. Funciona unos días porque castiga, pero no enseña ninguna alternativa. El entrenamiento de reversión de hábitos hace justo lo que le falta: te da algo que hacer en el momento exacto en que ibas a morder.
No. Llevar treinta años haciéndolo no cambia el tratamiento. Lo que cambia es la vergüenza acumulada, y eso se trabaja también.
Si te hace sangrar, te duele, te ha dado infecciones o escondes las manos delante de la gente, no es una tontería. Y da igual la gravedad: si te molesta a ti, es motivo suficiente.
Sí. Se cuenta desde casa, sin sala de espera, y el entrenamiento se hace igual. Para mucha gente es más fácil empezar así.
Es el nombre clínico de morderse las uñas de forma repetida. Se clasifica como conducta repetitiva centrada en el cuerpo, la misma familia que la tricotilomanía y la excoriación. Se cuenta por si te sirve, no porque haga falta saberlo para empezar.
Reseñas en Google
Con Mariano, me di cuenta de lo exigente que soy conmigo mismo y de cómo vivía siempre con la sensación de ir corriendo. Poder parar, ordenar las ideas y tomar decisiones con más calma me ayudó muchísimo. Hoy vivo en Nueva York con mi pareja y siento que estoy en un camino profesional que realmente he elegido y no que simplemente me ha ido llevando. Mirando atrás, el cambio ha sido enorme y estoy muy agradecido por todo el proceso.
Llegué a España sintiéndome completamente perdido, sin saber por dónde empezar y atravesando uno de los momentos más difíciles de mi vida. Encontrar a Mariano fue un antes y un después. Desde la primera sesión sentí que tenía un espacio seguro donde podía hablar sin miedo a todo lo que se me venía. Me ayudó a recuperar la calma, a ordenar mis ideas y a volver a creer que había salida, incluso cuando yo no la veía.
Hice varias sesiones para poner un poco de orden en temas relacionados con mi carrera como médico, mi familia y mis objetivos personales. La experiencia fue increíble y me ayudó bastante a aclarar muchas cosas. Aún me queda camino por recorrer, pero sin duda ha sido un paso importante para mí.
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