Separar entreno de autocastigo
Distinguimos el cuidado real del cuerpo de la compulsión que nunca queda satisfecha. No se trata de dejar el gimnasio, sino de cambiar tu relación con él.
Horas de gimnasio, dieta militarizada, y el espejo sigue diciendo que no es suficiente. La vigorexia no es disciplina: es una trampa que se disfraza de virtud. Y se puede salir de ella.

¿Te suena esto?
Un día sin entrenar te deja de mal humor todo el día, aunque sepas que es irracional.
Revisas tu cuerpo en cada espejo o escaparate que encuentras por la calle.
Cancelas planes con amigos si no has comido «lo que tocaba» ese día.
Comparas tu físico con el de cualquier hombre que ves en Grindr o en el gimnasio.
Sientes que sin ese cuerpo nadie te va a mirar, ni en pareja ni en el sexo.
Te han dicho que «estás genial» y aun así lo sientes como una mentira amable.
En qué te acompaño
Distinguimos el cuidado real del cuerpo de la compulsión que nunca queda satisfecha. No se trata de dejar el gimnasio, sino de cambiar tu relación con él.
La presión estética en apps y espacios gay tiene su propia lógica. La nombramos y aprendes a no medirte solo por ahí.
Esa voz que nunca da el cuerpo por bueno tiene un origen identificable. Trabajamos para que deje de dictar tu día.
Si hay restricción alimentaria, suplementación de riesgo o esteroides de por medio, lo tratamos sin dramatizar y, si hace falta, coordinado con medicina.
Playa, sexo, fotos, quedadas: volvemos a ponerlos sobre la mesa sin que dependan de cómo te veas ese día.
La vigorexia no se va de un día para otro. Construimos hábitos y una mirada hacia tu cuerpo que aguanten en el tiempo.
Cómo trabajo
Reservas online y nos conocemos por videollamada en una primera sesión de 60 minutos. Me cuentas qué te trae.
Valoramos tu situación y marcamos objetivos realistas, a tu ritmo y a tu medida.
Sesiones de 50 minutos, semanales o quincenales, desde donde estés: España, Europa o cualquier parte del mundo.
Vamos ajustando técnicas, frecuencia y enfoque según avances. Tú llevas el timón.

Sobre mí
Psicólogo G.S. M-36402 · Terapia Afirmativa LGTBIQ+
Hace años que acompaño a hombres gais que viven pendientes del espejo y del gimnasio, con la sensación de no ser nunca suficientemente grandes por mucho que entrenen. No hay nada que tengas que demostrarme: aquí el cuerpo no es el examen, es la puerta de entrada a lo que de verdad pesa.
En el ambiente gay el cuerpo funciona como moneda de cambio, y eso hace muy difícil distinguir cuidarse de castigarse. No vengo a decirte que dejes el gimnasio: vengo a mirar contigo qué estás intentando resolver ahí dentro.
Los hombres gais presentan tasas más altas de insatisfacción corporal y conductas de riesgo asociadas al físico que la población general, y muchos no lo cuentan por vergüenza. Aquí la vigorexia no se cuestiona: se acompaña.
Sígueme en Instagram · @preguntadorenserieUn espacio para trabajar la vigorexia en hombres gay de forma concreta, sin quitarte de golpe lo que te gusta.
Reservar primera sesiónPreguntas frecuentes
La vigorexia (dismorfia muscular) es la percepción distorsionada de estar «demasiado pequeño» o «poco definido», aunque el cuerpo sea objetivamente musculado. La diferencia con el cuidado sano está en la rigidez y el coste: entrenar con lesiones, ansiedad intensa si fallas un entreno, dieta que organiza tu vida social, y un malestar con el espejo que ninguna mejora física resuelve.
El ambiente gay tiene una cultura visual muy exigente: apps donde el cuerpo es la carta de presentación, fiestas y playas donde el torso es moneda social, y una jerarquía estética implícita. A eso se suma algo más profundo: para muchos hombres gay, el cuerpo musculado es una armadura contra la vergüenza vivida —nadie se mete con el fuerte del gimnasio. El músculo se convierte en seguridad, y por eso nunca es suficiente.
Sí, la dismorfia muscular se considera parte del espectro de los TCA y los trastornos dismórficos: restricción o hipercontrol alimentario, rituales con la comida y el ejercicio, y una imagen corporal distorsionada. Que el objetivo sea «estar grande» en vez de «estar delgado» no lo hace menos clínico.
Sí. El uso de esteroides, hormona de crecimiento, clembuterol o diuréticos aparece con frecuencia en la vigorexia, y en el ambiente gay está muy normalizado. Lo trabajamos sin juicio: entender qué función cumple es el primer paso para poder decidir con libertad.
Una videollamada de unos 60 minutos en la que me cuentas tu relación con el entreno, la comida y el cuerpo, sin que tengas que llegar con un diagnóstico hecho. A partir de ahí marcamos objetivos realistas y a tu ritmo.
No. El objetivo no es que dejes de entrenar sino que el entrenamiento deje de tener poder sobre ti: que puedas descansar sin ansiedad, comer sin culpa y mirarte sin ese juez interno que nunca aprueba. El deporte sano cabe perfectamente en la recuperación.
Sí. Toda la terapia es online. Primera sesión de presentación sin compromiso: me cuentas lo que estás viviendo y decidimos juntos si tiene sentido continuar.
Reseñas en Google
Mariano ha sido un gran apoyo en los momentos que más necesitaba. En su consulta he encontrado no solo un espacio seguro, sino también herramientas para ordenar mis pensamientos y emociones.
Un acierto. Desde la primera sesión sentí que estaba hablando con alguien que realmente entendía mi realidad como hombre gay. Me ayudó a trabajar mis inseguridades y dificultades en mis vínculos.
Durante la terapia trabajé el duelo, lo demandante que era y que soy conmigo mismo, la presión del trabajo, la influencia de haber crecido en una familia bastante tradicional y cómo todo eso acababa afectando a mi autoestima. También hablamos mucho de la relación con mi cuerpo y de lo difícil que a veces es vivir con los ideales físicos que parecen existir dentro del ambiente gay.
Reseñas publicadas en Google y anonimizadas con iniciales para proteger la privacidad de cada persona.
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