Qué hace en el cerebro
La metanfetamina provoca una descarga masiva de dopamina, muy por encima de cualquier recompensa natural. El cerebro aprende esa cifra y, comparado con eso, el resto de la vida se queda plano durante un tiempo.
La metanfetamina —«tina», «cristal», «T»— no hace falta consumirla mucho para que empiece a pesar: es la sustancia del chemsex que más rápido engancha y la del bajón más largo. Aquí se puede mirar de frente sin ponerte ninguna etiqueta.

¿Te suena esto?
Lo que era para ocasiones especiales ha ido apareciendo más veces de las que tenías pensadas.
Las sesiones se alargan más de lo que habías planeado, y el sueño se va con ellas.
Los días siguientes vienen con niebla y ánimo bajo, y ya cuentas con ello al organizar la semana.
El sexo sin tina te parece menos, y eso te preocupa más que el propio consumo.
Has cambiado la forma de tomarla, o te lo has planteado alguna vez.
Empieza a costarte dinero, planes o gente, aunque de fuera todavía no se note.
En qué te acompaño
La metanfetamina provoca una descarga masiva de dopamina, muy por encima de cualquier recompensa natural. El cerebro aprende esa cifra y, comparado con eso, el resto de la vida se queda plano durante un tiempo.
Esa descarga vacía las reservas y daña temporalmente el sistema. Por eso el bajón no es de un día: puede durar entre tres días y dos semanas, con apatía profunda, insomnio y ánimo muy bajo. Ahí es donde aparece el riesgo de recaída y también el riesgo suicida.
Aumenta el deseo y la resistencia física, quita la vergüenza y alarga las sesiones muchas horas. Ese combinado hace que el sexo sobrio parezca insulso durante una temporada. Es reversible, pero lleva tiempo.
Esnifada, fumada o inyectada no es lo mismo: fumar e inyectar suben mucho la intensidad y la velocidad de la dependencia, y la inyección añade riesgo de VIH y hepatitis si se comparte material. Si ya estás ahí, es información, no reproche.
Con privación de sueño y consumo alto pueden aparecer ideas paranoides o alucinaciones. Suelen remitir al dormir y parar. Si no remiten en unos días, o hay agitación intensa, eso es una urgencia psiquiátrica y hay que buscar atención médica.
Reducir, espaciar o dejarlo son tres objetivos legítimos. Aquí no hay que llegar limpio para empezar, y una recaída no cierra la puerta.
Cómo trabajo
Nos conocemos por videollamada. Me cuentas tu consumo real, incluida la vía, sin maquillarlo y sin cara de susto por mi parte.
Miramos frecuencia, contexto y señales de alarma: sueño, paranoia, dinero, trabajo. Si hace falta apoyo médico o psiquiátrico, te lo digo.
Trabajamos qué tapa la tina —vergüenza, ansiedad social, deseo, soledad— y qué necesitas para sostener los días sin ella.
Preparamos el bajón, que es donde se recae. Tener un plan concreto para esos tres días cambia el resultado más que cualquier propósito.

Sobre mí
Psicólogo G.S. M-36402 · Terapia Afirmativa LGTBIQ+
Trabajo desde hace años con hombres gais que consumen tina y que llegan cuando ya han perdido algo por el camino: sueño, dinero, gente o la confianza en sí mismos.
La tina no engancha porque seas débil: engancha porque produce una descarga que ninguna experiencia natural iguala, y porque la bajada es tan larga que consumir parece la única salida. Y hay una parte que casi nadie nombra: para mucha gente fue también la primera vez que el sexo se vivió sin vergüenza y sin miedo, y renunciar a eso da un vértigo enorme.
Aquí no vas a tener que jurar que lo dejas hoy ni contar nada que no quieras contar: se trabaja desde donde estés, aunque sigas consumiendo, y se va viendo qué te está dando y qué te está quitando.
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Reservar primera sesiónPreguntas frecuentes
Habitualmente entre tres días y dos semanas, según el consumo y el descanso. Cursa con apatía profunda, insomnio, hambre y ánimo muy bajo. Si aparecen ideas de hacerte daño, eso es una urgencia: 112 o el 024.
Con consumo alto y falta de sueño pueden aparecer ideas paranoides o alucinaciones. Suelen remitir al dormir y parar. Si persisten varios días o hay mucha agitación, hay que ir a urgencias: no es algo que se resuelva en terapia.
Sí, la metanfetamina tiene uno de los mayores potenciales adictivos que se conocen, y la vía fumada o inyectada lo multiplica. No hace falta llevar años: hay gente que pierde el control en semanas.
Sí, aunque lleva tiempo. El sistema de recompensa se recalibra y el sexo sobrio deja de parecer plano, pero no es cuestión de días. Prometerte lo contrario sería mentirte.
No. Trabajo con reducción de daños: puedes empezar aunque estés consumiendo activamente. Lo que sí valoro desde el principio es si hay riesgo médico o psiquiátrico.
Sí, y conviene. La vía inyectada cambia el riesgo y el plan, y además abre el tema del material compartido y del cribado de VIH y hepatitis. Aquí no hay cara de susto.
El chemsex es la práctica y la tina es una de las sustancias, junto a mefedrona y GHB. Puedes tener un problema con la tina sin identificarte con el marco del chemsex.
Reseñas en Google
Empecé terapia en una época en la que estaba bastante descontrolado con la noche y la marihuana. La primera sesión me la regaló un amigo y creo que fue de los mejores regalos que me han hecho porque ahí me di cuenta de que necesitaba ayuda de verdad. En ese momento vivía en Mallorca, trabajaba en hostelería un montón de horas y tenía mil ideas pero nunca hacía nada con ellas. Sabía perfectamente lo que tenía que hacer, pero luego no era capaz de moverme. Ahora estoy viviendo en Suiza y montando el proyecto de vida que llevaba años queriendo. No ha sido magia ni un cambio de un día para otro, pero comparado con cómo estaba cuando empecé… no tiene nada que ver. Muy contento de haber dado ese paso.
Durante mucho tiempo sentí que mi vida giraba alrededor de la noche y que había perdido de vista quién era y qué quería. Empezar terapia me ayudó a parar, tomar distancia y reconstruir mi vida poco a poco. Hoy tengo un trabajo estable, he recuperado rutinas que me hacen bien y, sobre todo, ya no necesito tanto la aprobación de los demás para sentirme suficiente. Ha sido uno de los cambios más importantes que he hecho por mí y estoy muy agradecido por todo el proceso.
Me decidí por la terapia con Mariano porque sentía que mi relación con el consumo estaba tomando una dirección incorrecta. Pasé por distintas etapas: la experimentación, la normalización, la conciencia de que me estaba afectando y, finalmente, el trabajo para recuperar el control y volver al equilibrio. Aunque sigo recorriendo este camino, he ido tomando una mayor conciencia, cumpliendo mis objetivos terapéuticos y sosteniendo en el tiempo los cambios que me había propuesto alcanzar. Con el tiempo entendí que el consumo era solo una parte de la historia. La terapia me ha ayudado a explorar qué había detrás de esa necesidad de evadirme o desinhibirme, trabajando aspectos relacionados con mi familia, mi identidad y mis relaciones afectivo-sexuales, la experiencia de vivir lejos de mi país, la soledad, ciertas expectativas vitales y la forma en que me afectan algunas presiones sociales. Gracias a este proceso, hoy me considero una persona más consciente y siento que estoy recuperando el equilibrio.
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