Terapia EMDR: qué es y cómo ayuda si eres LGTBIQ+
Mariano Ventura
17 de junio de 2026 · 8 minutos de lectura
Mucha gente llega a la terapia EMDR por cosas que creía haber superado y que, sin embargo, vuelven. Basta un comentario en una cena o el tono de alguien en el trabajo para que algo se active de golpe, con una intensidad que no cuadra con lo que está pasando en ese momento.
Si ahora mismo estás en crisis o has pensado en hacerte daño, la Línea 024 de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad es gratuita y atiende las 24 horas. Ante un riesgo inmediato, llama al 112. Este artículo no sustituye una atención de urgencia.
A veces esa reacción tiene que ver con una experiencia traumática, aunque por sí sola no basta para saberlo. Cuando es así, el recuerdo parece no haberse guardado como los demás y, si algo lo despierta, el cuerpo responde como si la amenaza fuera actual.
La terapia EMDR se desarrolló para ese tipo de recuerdo. En personas LGTBIQ+, que viven con más frecuencia rechazo, acoso o discriminación, puede ser una herramienta útil, y conviene saber qué dice la evidencia y qué no dice.
¿Qué es la terapia EMDR?
EMDR son las siglas en inglés de Eye Movement Desensitization and Reprocessing, desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares. Francine Shapiro, psicóloga estadounidense, la desarrolló a finales de los años ochenta.
Donde más estudiada está es en el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Un metaanálisis de 26 ensayos aleatorizados publicados entre 1991 y 2013 (Chen y colaboradores, 2014) encontró que reducía de forma moderada los síntomas de TEPT, y también la depresión y la ansiedad medidas en esas mismas personas con TEPT. La Organización Mundial de la Salud la recomienda para el TEPT desde 2013, junto con la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma. La guía británica NICE NG116 la recomienda en adultos con TEPT de más de tres meses por un trauma que no sea de combate.
La OMS, al presentar esa guía, señaló además algo que a mucha gente le importa. A diferencia de otros tratamientos del trauma, la terapia EMDR no exige describir con detalle lo ocurrido ni hacer tareas en casa.
Cómo funciona el EMDR
Cuando vivimos algo corriente, el cerebro lo procesa y lo integra en nuestra historia, conectado con otros recuerdos. Según el modelo con el que trabaja el EMDR, cuando la experiencia es demasiado intensa ese proceso puede quedarse a medias y el recuerdo se guarda con casi toda la carga emocional y corporal de aquel momento. Años después, una palabra o un olor pueden reactivar buena parte de esa respuesta.
En la terapia EMDR la persona mantiene la atención en ese recuerdo mientras sigue con los ojos los movimientos de la mano del terapeuta, o recibe golpecitos alternos en las manos o sonidos en un oído y otro. Es lo que se llama estimulación bilateral. Según el modelo de Shapiro, eso ayuda al cerebro a terminar de procesar lo que quedó bloqueado.
El mecanismo exacto todavía se discute. Lo que sí hay son datos de que los movimientos oculares aportan algo. Un metaanálisis de estudios clínicos y de laboratorio, con 849 participantes en total (Lee y Cuijpers, 2013) comparó la terapia con y sin ellos y encontró un efecto añadido moderado. En los de laboratorio, de media, los recuerdos perdían viveza y carga emocional.
El objetivo es que el recuerdo pierda carga y pese menos en el día a día, sin borrar lo que pasó.
Por qué el EMDR puede ser relevante para personas LGTBIQ+
En el informe de 2023 de la Confederación Salud Mental España y la Fundación Mutua Madrileña, el 64,9 % de las personas LGTB encuestadas decía haber sufrido alguna vez ataques de ansiedad y el 55,4 %, depresión. El mismo informe recoge intentos o ideaciones de suicidio en el 32,1 % de las personas LGTB, frente al 14,5 % de la población general. Es una encuesta y no dice qué parte de ese malestar viene de experiencias traumáticas.
En consulta, muchas de esas historias sí tienen detrás escenas concretas, como el acoso en el instituto, la reacción de la familia al salir del armario o una agresión por la calle. Otras veces lo que pesa es el estrés de minoría acumulado durante años, que a menudo se nota primero como ansiedad.
No siempre hablamos de un único hecho grave. Muchas veces son experiencias repetidas que el entorno quitaba de en medio («no te lo tomes así», «era una broma») y que fueron moldeando la forma en que la persona se ve. Hay que decir que la evidencia sólida del EMDR está en el TEPT; para estas heridas más difusas hay menos estudios, y se usa sobre todo por criterio clínico.
Qué experiencias se trabajan con EMDR en el contexto LGTBIQ+
En consulta con personas del colectivo aparecen a menudo estas:
- El rechazo familiar al salir del armario. Una escena que muchas personas recuerdan con una nitidez que los años no han rebajado, a veces hasta el sitio de la mesa donde estaba cada uno.
- El acoso escolar. Insultos, burlas o exclusión en la infancia o la adolescencia que siguen activos décadas después.
- La violencia física o sexual.
- La discriminación en el trabajo o en instituciones. Comentarios humillantes, o situaciones en las que hubo que callarse para no perder algo.
- Las llamadas terapias de conversión. Quien pasó por procesos que intentaron cambiar su orientación o su identidad puede arrastrar un daño específico.
- La sensación de que da igual lo que hagas. El «siempre me van a rechazar» que se instala después de años de discriminación repetida.
Cómo es una sesión de EMDR
La terapia EMDR sigue fases estructuradas, y no se empieza directamente con la estimulación bilateral.
Primero viene la evaluación y la estabilización. Terapeuta y paciente eligen los recuerdos que se van a trabajar y preparan recursos para regular la emoción si la activación sube demasiado, como un lugar seguro imaginado al que volver.
Después llega el procesamiento. La persona sostiene el recuerdo, con su imagen, la sensación en el cuerpo y la creencia negativa que lleva pegada, mientras el terapeuta guía la estimulación en series cortas. Las series continúan según cómo responda cada persona; si la carga baja, puede aparecer una creencia más ajustada sobre uno mismo.
Cada sesión termina con un cierre que busca que la persona salga con suficiente estabilidad.
Como no hace falta relatar con detalle lo que pasó, el EMDR puede venir bien a quien ya ha contado su historia demasiadas veces, en el médico, en casa o en un juzgado, y está cansado de hacerlo.
Preguntas frecuentes sobre terapia EMDR
¿El EMDR sirve solo para traumas graves?
Donde más evidencia tiene es en el TEPT. También se usa con experiencias adversas repetidas, ansiedad o fobias, pero ahí los estudios son menos y más pequeños, así que conviene hablarlo con el terapeuta caso por caso.
¿Es compatible con otras terapias?
Sí. Puede formar parte de un proceso más amplio junto a la terapia cognitivo-conductual u otros enfoques, dentro de una terapia afirmativa LGTBIQ+, según lo que necesite cada persona.
¿Cuántas sesiones hacen falta?
Depende de cada caso. Un recuerdo concreto puede trabajarse en pocas sesiones, y una historia de trauma larga o repetida suele pedir un proceso bastante más largo. No hay una cifra que valga para todo el mundo.
¿Se puede hacer EMDR online?
Sí. La estimulación se adapta con un punto que se mueve en la pantalla o con sonidos alternos en los auriculares. Los estudios que comparan el formato online con el presencial todavía son pocos, y los resultados iniciales son alentadores.
Conclusión: cuando el tiempo no basta
Algunos recuerdos siguen generando malestar años después, sobre todo cuando algo los trae a la mente. Seguir funcionando a pesar de ellos tiene un coste, y a veces solo se nota en vacaciones, cuando baja el ritmo.
El EMDR intenta que el cerebro termine de procesar lo que no pudo procesar en su momento, para que ese recuerdo deje de llevarse energía del presente. Si quieres saber cómo la uso con enfoque afirmativo LGTBIQ+, a qué ritmo se va y qué no hace falta contar el primer día, escríbeme.
Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación psicológica profesional.
Artículo revisado y redactado por Mariano Ventura Barreira – Psicólogo General Sanitario · Colegiado M-36402
Última revisión: 14 de octubre de 2026
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