Controlar es una forma de calmar
Detrás de cada lista hay ansiedad bajando un rato. Por eso no se suelta por consejo ni por buenos propósitos: hay que aprender a bajar esa ansiedad de otra manera antes de poder soltar nada.
Listas de listas. Planes con plan B. Reservas hechas con tres meses. Que nadie te organice nada porque lo van a hacer mal. Desde fuera pareces una persona muy organizada; por dentro llevas años sin poder improvisar nada.

¿Te suena esto?
Haces listas para tareas que tardarías menos en hacer que en apuntar.
Si un plan cambia a última hora se te tuerce el día entero, aunque el cambio sea a mejor.
No delegas nunca, ni en el trabajo ni en casa, porque nadie lo hace como tú.
Investigas cada decisión hasta agotarla y luego te cuesta igual elegir.
Descansar te pone nervioso si no hay algo planificado dentro del descanso.
La gente cercana ya no propone nada porque sabe que vas a reorganizarlo.
En qué te acompaño
Detrás de cada lista hay ansiedad bajando un rato. Por eso no se suelta por consejo ni por buenos propósitos: hay que aprender a bajar esa ansiedad de otra manera antes de poder soltar nada.
En mucha gente LGTBIQ+ el control se instaló muy pronto y por un motivo concreto: cuando había que anticipar reacciones para saber qué se podía decir en casa o en clase, planificarlo todo era protección real. Lo que protegía entonces es lo que ahora no te deja improvisar un sábado.
Se pone encima de la mesa el precio: horas, relaciones que se han cansado, oportunidades que no cogiste porque no estaban previstas, y un cansancio de fondo que no se arregla durmiendo.
La tolerancia a la incertidumbre se entrena como cualquier otra cosa, por pasos pequeños y medibles: dejar que otro elija el restaurante, no mirar la ruta antes de salir, no preparar una conversación. Suena menor y es exactamente donde se rompe el hábito.
Tensión mandibular, hombros, digestiones, insomnio de conciliación repasando el día siguiente. El control tiene una factura física bastante reconocible y suele mejorar antes que la parte mental.
No se trata de que dejes de ser organizado, que es una virtud tuya. Se trata de que puedas elegir cuándo lo eres, en vez de tener que serlo siempre.
Cómo trabajo
Contamos qué controlas, desde cuándo y qué pasa exactamente cuando no puedes.
Registramos un par de días: listas, comprobaciones, planes revisados. Suelen ser muchos más de los que uno cree.
Se empieza por soltar cosas pequeñas y ganables, con la ansiedad de después trabajada de antemano.
Se revisa qué aguanta y se sube el listón poco a poco, sin quitarte lo que sí te sirve.

Sobre mí
Psicólogo G.S. M-36402 · Terapia Afirmativa LGTBIQ+
Recibo en consulta a personas LGTBIQ+ a las que todo el mundo describe como resolutivas y de fiar, y que llegan agotadas de sostener esa descripción. Casi ninguna llega diciendo «controlo demasiado»: llegan por insomnio, por una pareja que se ha cansado o porque un imprevisto les tiró la semana.
Aquí veo una raíz que se repite: quien creció midiendo el ambiente para saber qué se podía decir aprendió a anticipar como forma de estar a salvo, y eso funcionó. El problema es que ese sistema no distingue entre una comida familiar de los quince años y un plan de amigos de los cuarenta: se activa igual. Por eso trabajo el control y de dónde viene a la vez, no solo la agenda.
Aquí no se te va a pedir que dejes de ser organizado: se trabaja para que puedas elegir cuándo serlo.
Sígueme en Instagram · @preguntadorenserieUna primera sesión para ver qué te está calmando el control y qué te está costando. Online o en Madrid.
Reservar primera sesiónPreguntas frecuentes
No. Es un problema cuando no puedes dejar de serlo: cuando un cambio de plan te arruina el día, cuando no delegas nunca o cuando descansar sin agenda te pone nervioso.
No necesariamente. En el TOC hay obsesiones intrusivas y rituales para neutralizar una angustia muy concreta. Aquí hablamos de un estilo de afrontamiento rígido, que se parece pero no es lo mismo. Se valora en las primeras sesiones, y si es TOC hay una página específica.
Se solapan y a veces van juntas. La diferencia está en el motor: allí el motor es rendir y trabajar calma; aquí el motor es anticipar y lo que calma es que nada te pille por sorpresa. Si es lo primero, hay una página dedicada.
Es de los motivos más frecuentes por los que se pide cita con esto. Se puede trabajar contigo solo y, si os interesa, en pareja más adelante.
La parte de exposición a la incertidumbre suele moverse en pocas semanas. Lo de debajo, si hay una historia larga detrás, lleva más y se decide contigo.
Sí. Además tiene una ventaja: los ejercicios se hacen en tu propia semana, con tus propios planes, que es donde hay que hacerlos.
Reseñas en Google
Con Mariano, me di cuenta de lo exigente que soy conmigo mismo y de cómo vivía siempre con la sensación de ir corriendo. Poder parar, ordenar las ideas y tomar decisiones con más calma me ayudó muchísimo. Hoy vivo en Nueva York con mi pareja y siento que estoy en un camino profesional que realmente he elegido y no que simplemente me ha ido llevando. Mirando atrás, el cambio ha sido enorme y estoy muy agradecido por todo el proceso.
Hice varias sesiones para poner un poco de orden en temas relacionados con mi carrera como médico, mi familia y mis objetivos personales. La experiencia fue increíble y me ayudó bastante a aclarar muchas cosas. Aún me queda camino por recorrer, pero sin duda ha sido un paso importante para mí.
Durante la terapia trabajé el duelo, lo demandante que era y que soy conmigo mismo, la presión del trabajo, la influencia de haber crecido en una familia bastante tradicional y cómo todo eso acababa afectando a mi autoestima. También hablamos mucho de la relación con mi cuerpo y de lo difícil que a veces es vivir con los ideales físicos que parecen existir dentro del ambiente gay.
Reseñas publicadas en Google y anonimizadas con iniciales para proteger la privacidad de cada persona.
Ver todas las reseñas en Google →