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Psicología LGTBIQ+

Duelo y pérdida en personas mayores LGTBIQ+: una perspectiva afirmativa

Mariano Ventura

19 de octubre de 2026 · 8 minutos de lectura

Hay una pregunta que he aprendido a hacer en consulta cuando una persona mayor me habla de «un amigo» que murió hace tiempo. No pregunto quién era. Pregunto cuántos años vivieron juntos. A veces la respuesta tarda, y cuando llega son treinta años de casa compartida que en el tanatorio se despidieron como una amistad.

El duelo en personas mayores LGTBIQ+ tiene mucho de cualquier duelo. Se echa de menos la voz, la rutina y la otra mitad de las conversaciones. Pero muchas de estas personas lo atraviesan con una carga añadida, porque su relación pasó décadas presentándose como amistad, como compañía de piso o directamente sin nombre. Cuando la pareja muere, el entorno despide a alguien que solo conocía a medias.

Una pérdida que los demás no cuentan como pérdida

En psicología se habla de duelo no reconocido para describir las pérdidas que el entorno no valida igual que otras. El caso de manual es el de la pareja del mismo sexo que nunca se presentó como pareja. Los vecinos dan el pésame por «tu amigo», la familia de origen organiza el funeral y quien compartió la casa se sienta en la tercera fila.

Un estudio poblacional publicado en Psychological Medicine por Timmins y su equipo (2023) midió qué pasa después, en Inglaterra y Gales. No se centró en personas mayores, pero comparó a 233 personas que habían perdido a una pareja del mismo sexo con 329 que habían perdido a una de distinto sexo. En la intensidad del duelo no hubo una diferencia significativa entre los dos grupos. En cambio, el malestar psicológico general sí fue mayor entre quienes habían perdido a una pareja del mismo sexo. Por eso los autores piden que los servicios de duelo aprendan a detectar ese riesgo.

El dato encaja con lo que se sabe del estrés de minoría. Quien se acostumbró a hablar de su pareja con cuidado no deja de hacerlo el día del entierro. Al dolor de la pérdida se suma entonces la sensación de que cuenta menos para los demás.

Volver al armario a los ochenta años

Se suele pensar que salir del armario es algo que se hace una vez y queda hecho. Para la primera generación de mayores LGTBIQ+ visibles no ha funcionado así. En los dos grupos focales que reunieron Stein, Beckerman y Sherman (2010) con 16 personas mayores gais y lesbianas de Estados Unidos, salieron tres miedos muy concretos. Temían que el personal de cuidados las rechazara, que otros residentes no las respetaran y que entrar en una residencia las obligara a esconderse otra vez.

Una viuda que entra en una residencia tras la muerte de su marido habla de él en la primera comida. Si quien murió era una mujer y quien entra es otra mujer, puede pasar meses sin nombrarla. Como cuento en el artículo sobre salir del armario después de los 40, la visibilidad va y viene según el sitio. Una residencia puede ser justo uno de los sitios donde se repliega.

Lo que se va con la pareja

Con la persona se pierden otras cosas que casi nunca se nombran en un tanatorio.

  • El único testigo de una parte de la propia vida. Si la relación fue discreta durante décadas, solo la pareja sabía cómo se conocieron, qué tuvieron que callar y qué se celebró en casa a puerta cerrada. Ahora no queda nadie con quien recordarlo igual.
  • La seguridad material. Muchas parejas nunca se casaron, a menudo porque durante buena parte de su vida no podían, y en España el matrimonio igualitario no llegó hasta 2005. Sin papeles, la pensión de viudedad, la herencia o el derecho a seguir en la vivienda pueden complicarse mucho según el caso.
  • Una red de amistades. A veces la pareja era el puente con un grupo de amigos del ambiente, y tras su muerte ese grupo se aleja sin que nadie lo decida.

La familia elegida también se hace mayor

Para muchas personas mayores del colectivo, la familia de verdad es la que eligieron. Son los amigos de cuarenta años, los que estuvieron en los entierros de los ochenta y los que hoy llaman cada domingo. Esa red suele ser la que acompaña el duelo, la que hace la compra y la que se queda a dormir la primera semana.

El problema es que esa familia casi nunca figura en ningún papel, salvo que se haya dejado algo por escrito. Un amigo de toda la vida puede no tener derecho a decidir nada en un hospital ni a recoger las cenizas. Además, esa red envejece a la vez, de modo que cada pérdida deja menos gente para sostener la siguiente.

Cómo acompañar este duelo si estás cerca

Si eres familia, amigo o trabajas en una residencia, hay gestos pequeños que cambian mucho la conversación.

  • Pregunta por la relación sin dar nada por hecho. «¿Cuánto tiempo estuvisteis juntos?» abre más que «¿era un amigo?».
  • Reconoce el vínculo además de la muerte. Decir «tuvo que ser muy importante para ti» o «cuéntame cómo os conocisteis, si te apetece» le da a la relación el sitio que no tuvo.
  • No supongas que la familia de sangre es el apoyo principal. Muchas veces lo son las amistades.
  • Respeta las versiones editadas. Alguien que suavizó su historia durante cincuenta años puede tardar en contarla entera, o no contarla nunca. Suele ser una costumbre de toda la vida y nada tiene que ver contigo.
  • Busca espacios específicos si los hay. Algunas asociaciones LGTBIQ+ organizan grupos de duelo donde no hace falta explicar nada desde cero.

Lo que he visto que ayuda en terapia

En consulta, lo primero que hago es dejar que la relación exista entera en la sala. Pido el nombre, cuánto duró, dónde vivían y qué hacían los domingos. Parece poco, pero a alguien que pasó décadas diciendo «mi amigo» le cambia la conversación oír «tu pareja» sin titubeos.

Después viene el duelo propiamente dicho, que se parece al de cualquiera. Hay rabia, culpa y días buenos que también dan culpa. La terapia afirmativa no acorta ese proceso. Lo que cambia es que nadie te pide demostrar antes que esa relación merecía un duelo.

Si la pérdida trae ideas de no querer seguir, no esperes a la próxima cita. En España, la Línea 024 atiende gratis a cualquier hora, y ante un riesgo inmediato el número es el 112.

Preguntas frecuentes sobre el duelo en personas mayores LGTBIQ+

¿Por qué se dice que el duelo LGTBIQ+ puede ser «no reconocido»?

Porque a veces el entorno nunca vio la relación como una pareja, y por tanto tampoco ve la pérdida con el mismo peso que otros duelos. El vínculo fue real, y lo que faltó fue que los demás lo reconocieran.

¿Esto sigue pasando hoy, con los derechos que existen ahora?

Sí, sobre todo en generaciones que vivieron gran parte de su vida sin esos derechos. También pasa en residencias y centros de día donde la diversidad sexual y de género todavía no se tiene en cuenta con naturalidad.

¿Qué hago si una persona mayor de mi entorno no quiere hablar de su pareja fallecida?

No hace falta forzar la conversación. Basta con dejar claro que puede hablar de ello cuando quiera y que la escucharás sin corregir la historia. Insistir suele cerrar más puertas de las que abre.

Si entra en una residencia tras perder a su pareja, ¿qué se puede hacer?

Antes del ingreso conviene preguntar si el centro tiene formación o protocolos de atención a la diversidad. Durante la adaptación ayuda que alguien de confianza cuente al equipo esa parte de su historia, si la persona está de acuerdo.

¿Tiene sentido ir a terapia por un duelo de hace muchos años?

Sí. Un duelo no caduca, y menos si en su momento no hubo espacio para vivirlo. Mucha gente siente alivio al poder nombrar, décadas después, una pérdida que entonces tuvo que llevar en silencio.

Conclusión sobre el duelo en personas mayores LGTBIQ+

El duelo en personas mayores LGTBIQ+ se parece mucho al de cualquier otra persona, porque se pierde a alguien querido. La diferencia está en lo que rodea esa pérdida. Hay una relación que pasó años sin nombre, una familia elegida sin papeles y una residencia donde quizá vuelva a callarse. Si estás cerca de alguien así, puedes empezar por la pregunta del principio y preguntarle cuántos años estuvieron juntos.

Y si quieres trabajar tu duelo con acompañamiento profesional, escríbeme.

Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación psicológica profesional.

Artículo revisado y redactado por Mariano Ventura Barreira – Psicólogo General Sanitario · Colegiado M-36402
Última revisión: 16 de octubre de 2026

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